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Dolor crónico y salud cardiovascular: una relación que conviene conocer

  • María de Vidimedic
  • 13 jul
  • 7 min de lectura

Mujer adulta caminando en un parque para cuidar el dolor crónico y la salud cardiovascular.
Dolor crónico y salud cardiovascular: actividad física y bienestar

Dolor crónico y salud cardiovascular: ¿qué relación existe?


La relación entre dolor crónico y salud cardiovascular está recibiendo cada vez más atención. Investigaciones recientes indican que las personas que viven con dolor persistente podrían presentar un riesgo cardiovascular mayor, especialmente cuando el dolor afecta varias zonas del cuerpo y se combina con problemas de sueño. Esto no significa que el dolor provoque directamente una enfermedad del corazón, pero sí refuerza la importancia de abordarlo de manera integral.


El dolor crónico se define como aquel que persiste o reaparece durante más de tres meses. Puede estar relacionado con artrosis, dolor lumbar, migraña, fibromialgia, lesiones nerviosas, enfermedades inflamatorias, intervenciones quirúrgicas u otras condiciones. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor estima que afecta aproximadamente al 20 % de la población mundial.


Para muchas personas en Venezuela y otros países de Latinoamérica, vivir con dolor no solo implica soportar una molestia física. También puede dificultar el descanso, reducir la movilidad, interferir con el trabajo y limitar las actividades familiares y sociales.


¿Qué encontró la investigación más reciente?


Un estudio publicado en enero de 2026 analizó información de 467.689 participantes del UK Biobank que inicialmente no tenían enfermedades cardiovasculares. Los investigadores realizaron un seguimiento durante una mediana de 16,2 años y evaluaron la presencia de dolor crónico, los patrones de sueño y la aparición posterior de enfermedades coronarias o accidentes cerebrovasculares.


En comparación con las personas que no reportaron dolor crónico:


  • Quienes tenían dolor crónico localizado presentaron un riesgo cardiovascular un 23 % mayor.

  • Quienes tenían dolor crónico generalizado presentaron un riesgo un 76 % mayor.

  • Las personas con dolor generalizado y un patrón de sueño deficiente mostraron aproximadamente el doble de riesgo cardiovascular que aquellas sin dolor crónico y con un patrón de sueño saludable.


Estos porcentajes representan una asociación estadística. No significan que todas las personas con dolor crónico desarrollarán una enfermedad cardiovascular ni que el dolor sea necesariamente la causa directa.


El estudio fue observacional, utilizó información declarada por los propios participantes y aproximadamente el 95 % de la población analizada era blanca. Por esta razón, sus resultados deben interpretarse con cautela y no pueden extrapolarse automáticamente a la población de Venezuela o de toda Latinoamérica.


¿Por qué podrían estar relacionados el dolor y el corazón?


No existe una única explicación. La relación probablemente involucra distintos factores que se influyen entre sí.


Menor actividad física


Cuando una persona siente dolor al caminar, agacharse, subir escaleras o mover una articulación, es natural que reduzca su actividad. Con el tiempo, un estilo de vida más sedentario puede dificultar el control del peso, la presión arterial, la glucosa y el colesterol.


La OPS identifica la inactividad física, la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y una alimentación poco saludable entre los principales factores relacionados con las enfermedades cardiovasculares.


Esto no significa que una persona deba ejercitarse ignorando el dolor. La actividad necesita adaptarse a su condición, sus capacidades y la orientación de un profesional de la salud.


Alteraciones del sueño


El dolor puede impedir conciliar el sueño, provocar despertares frecuentes o hacer que la persona se levante sin sentirse descansada. Al mismo tiempo, dormir mal puede aumentar la sensibilidad al dolor y dificultar su manejo.


La evidencia relaciona el sueño insuficiente o de mala calidad con factores como hipertensión, diabetes, obesidad, inflamación y mayor riesgo cardiovascular.


El estudio de 2026 encontró que el riesgo aumentaba progresivamente a medida que empeoraban los patrones de sueño, incluso entre personas con un grado similar de dolor crónico.


Estrés emocional


El dolor persistente puede producir frustración, preocupación, irritabilidad, agotamiento y aislamiento. También puede afectar el estado de ánimo y la capacidad para realizar actividades que antes resultaban agradables.


El estrés prolongado puede favorecer comportamientos que perjudican la salud cardiovascular, como fumar, comer en exceso, dormir poco o abandonar la actividad física. También puede contribuir a elevaciones de la presión arterial.


Inflamación y enfermedades asociadas


Algunas causas de dolor crónico, como determinadas enfermedades reumáticas o autoinmunes, se caracterizan por procesos inflamatorios que también pueden influir sobre la salud de los vasos sanguíneos.


Además, una persona puede presentar simultáneamente dolor, hipertensión, diabetes, obesidad o enfermedad renal. Por eso es importante no estudiar cada síntoma de forma aislada.


Uso prolongado de algunos analgésicos


Algunos antiinflamatorios no esteroideos, conocidos como AINE, pueden aumentar el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular. Entre ellos se encuentran medicamentos que contienen ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, meloxicam u otros principios activos.


El nivel de riesgo no es idéntico para todos los medicamentos ni para todas las personas, pero puede aumentar con dosis mayores, tratamientos prolongados y antecedentes cardiovasculares.


Esto no significa que deba suspender un medicamento indicado por su médico. Interrumpir o modificar un tratamiento por cuenta propia también puede ser perjudicial. Lo adecuado es revisar periódicamente:


  • El principio activo que se está tomando.

  • La dosis y la duración del tratamiento.

  • Otros medicamentos utilizados simultáneamente.

  • Los antecedentes de hipertensión, infarto, accidente cerebrovascular, enfermedad renal o problemas digestivos.

  • La necesidad de mantener, cambiar o complementar el tratamiento.


También conviene comprobar que dos productos de marcas diferentes no contengan el mismo principio activo.


¿Qué pueden hacer las personas con dolor crónico para cuidar el corazón?


El objetivo no es añadir más preocupación, sino incorporar la salud cardiovascular al manejo habitual del dolor.


1. No normalizar el dolor persistente


Un dolor que se prolonga durante más de tres meses merece una evaluación. La consulta puede ayudar a identificar su causa, descartar señales de alarma y establecer un plan de tratamiento.


Llevar un registro puede ser útil. Anote:


  • En qué zona aparece.

  • Cuánto dura.

  • Qué intensidad tiene.

  • Qué actividades lo empeoran o alivian.

  • Cómo afecta el sueño.

  • Qué medicamentos utiliza y con qué frecuencia.

  • Qué actividades ha dejado de realizar.


Esta información puede facilitar la evaluación médica.


2. Controlar la presión arterial


La hipertensión puede avanzar sin producir síntomas evidentes. Medir la presión arterial periódicamente permite detectar cambios y actuar antes de que aparezcan complicaciones.


Cuando se mida en casa, procure hacerlo después de varios minutos de reposo, con la espalda apoyada, los pies en el suelo y el brazo a la altura del corazón. Utilice un equipo validado y lleve los registros a la consulta.


Una lectura aislada no establece por sí sola un diagnóstico. Los resultados deben interpretarse junto con un profesional sanitario.


3. Revisar glucosa, colesterol y otros factores de riesgo


La OMS recomienda detectar y tratar oportunamente la hipertensión, la diabetes y las alteraciones de los lípidos para disminuir el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.


La frecuencia de estos controles depende de la edad, los antecedentes familiares, los medicamentos utilizados y las condiciones de salud de cada persona.


4. Cuidar el sueño como parte del tratamiento


Comente con su médico si el dolor le impide dormir o si presenta:


  • Insomnio frecuente.

  • Ronquidos intensos.

  • Pausas en la respiración durante la noche.

  • Sensación de ahogo al dormir.

  • Dolor de cabeza al despertar.

  • Somnolencia excesiva durante el día.


Estas señales pueden indicar que existe un trastorno del sueño que necesita evaluación.


También puede ayudar mantener horarios relativamente constantes, disminuir el consumo de cafeína durante la tarde y evitar pantallas o noticias estimulantes inmediatamente antes de acostarse.


5. Mantener movimiento adaptado a sus posibilidades


El reposo absoluto prolongado puede reducir la fuerza, la movilidad y la capacidad funcional. Sin embargo, tampoco es recomendable comenzar rutinas intensas sin considerar la causa del dolor.


Algunas personas pueden beneficiarse de actividades de bajo impacto, como caminar distancias cortas, realizar ejercicios en el agua, estiramientos suaves o programas de fisioterapia. El tipo, la intensidad y la duración deben adaptarse a cada situación.


Comenzar con pocos minutos y avanzar gradualmente suele ser más sostenible que intentar cumplir de inmediato una meta exigente.


Suspenda la actividad y solicite orientación si aparecen dolor o presión en el pecho, falta de aire desproporcionada, mareo, desmayo o palpitaciones intensas.


6. Revisar todos los medicamentos y suplementos


Informe a sus profesionales de salud sobre todo lo que consume, incluidos:


  • Medicamentos con prescripción.

  • Analgésicos y antiinflamatorios de venta libre.

  • Productos naturales.

  • Suplementos.

  • Cremas o geles medicinales.

  • Medicamentos adquiridos bajo distintas marcas.


No combine analgésicos ni aumente las dosis para conseguir un alivio más rápido sin consultar previamente.


También debe desconfiar de productos promocionados en internet como “naturales” o “sin efectos secundarios”. Algunos productos para el dolor pueden contener ingredientes farmacológicos no declarados y producir interacciones. La FDA ha documentado productos comercializados para dolores articulares que contenían antiinflamatorios ocultos.


7. Evitar el tabaco


El consumo de tabaco afecta los vasos sanguíneos y es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. La OPS estima que está relacionado con aproximadamente el 10 % de las muertes por enfermedades cardiovasculares.


Dejar de fumar puede ser difícil, especialmente cuando el tabaco se utiliza como respuesta al dolor o al estrés. Buscar acompañamiento profesional aumenta las posibilidades de conseguirlo.


8. Mantener una alimentación posible y sostenible


No es necesario seguir dietas extremas. Conviene priorizar, según la disponibilidad y las posibilidades de cada familia:


  • Frutas y vegetales.

  • Legumbres como caraotas, lentejas o garbanzos.

  • Cereales integrales cuando estén disponibles.

  • Pescado, huevos y otras fuentes de proteína.

  • Preparaciones con menos sal.

  • Menor consumo de productos ultraprocesados, frituras y bebidas azucaradas.


En Venezuela y Latinoamérica, una alimentación saludable debe adaptarse al presupuesto, la disponibilidad local, las costumbres y las necesidades médicas de cada persona.


¿Cuándo se necesita atención inmediata?


El dolor crónico habitual no debe utilizarse para explicar automáticamente un síntoma nuevo o diferente.


Solicite atención de emergencia si aparece:


  • Presión, opresión o dolor intenso en el centro del pecho.

  • Dolor que se extiende hacia el brazo, hombro, espalda, cuello o mandíbula.

  • Falta de aire repentina.

  • Sudor frío, náuseas, mareo o desmayo.

  • Debilidad o adormecimiento repentino en un lado del cuerpo.

  • Dificultad súbita para hablar o comprender.

  • Pérdida repentina de visión, equilibrio o coordinación.

  • Dolor de cabeza súbito y extremadamente intenso.


Los síntomas de un infarto o un accidente cerebrovascular pueden variar, especialmente entre mujeres, personas mayores y pacientes con diabetes. Ante la duda, contacte inmediatamente con el servicio local de emergencias.


Cuidar el dolor también significa mirar la salud completa


Vivir con dolor crónico no significa que una persona vaya a sufrir una enfermedad cardiovascular. La investigación disponible muestra una asociación, no un destino inevitable.


Sin embargo, los resultados recuerdan que el dolor no debe tratarse únicamente con un analgésico. El descanso, la movilidad, la presión arterial, la glucosa, el colesterol, el estado emocional y los medicamentos utilizados forman parte del mismo panorama.


Un abordaje integral puede ayudar a controlar mejor el dolor, conservar la autonomía y reducir otros riesgos para la salud.


En Vidimedic acompañamos a pacientes y familias de Venezuela y Latinoamérica en la búsqueda de opciones para dar continuidad a sus tratamientos. Si tiene dificultades para localizar un medicamento indicado por su médico, puede comunicarse con nuestro equipo para consultar las alternativas disponibles.


Este artículo tiene fines informativos. No sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. No suspenda, sustituya ni modifique sus medicamentos sin orientación médica.


Fuentes consultadas


  • Asociación Internacional para el Estudio del Dolor: definición y clasificación del dolor crónico.

  • BMC Public Health: estudio prospectivo sobre dolor crónico, sueño y enfermedades cardiovasculares.

  • Organización Panamericana de la Salud: factores de riesgo cardiovascular.

  • Organización Mundial de la Salud: prevención y detección de enfermedades cardiovasculares.

  • Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos: advertencias relacionadas con antiinflamatorios no esteroideos.

Escrito por: Maria Bueno

 
 
 

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